¿Puede cambiar la personalidad?

La personalidad no tiene una estructura inmóvil, sino que está sometida a ciertos cambios en función de los estímulos externos y, sobre todo, de estímulos internos que dependen de las experiencias que vamos acumulando a lo largo de la vida.

Entendemos entonces la personalidad como algo dinámico, capaz de sufrir diversas modificaciones. Durante la infancia y la adolescencia resulta mucho más fácil que se produzcan transformaciones en la personalidad, ya que ésta no está configurada plenamente, con lo que todo tipo de influencias ejercen un mayor poder sobre ella. Es evidente que es más fácil cambiar cuanto más joven se es, pero eso no implica que no se puedan realizar cambios en la personalidad a edades más avanzadas, aunque mucha gente diga que a su edad es imposible cambiar.

Las modificaciones de la personalidad son una necesidad terapéutica básica para la mayoría de las personas. A lo largo de nuestra vida todos hemos ido estructurando una serie de patrones de conducta y mecanismos psicológicos, muchos de los cuales nos dificultan la adecuada elaboración de algunas vivencias, que se traducen generalmente en angustias, ansiedades, miedos, agresividad, pérdida del autocontrol, etc. Las relaciones interpersonales se ven afectadas por este tipo de comportamientos que, además, pueden llegar a generar dificultades de adaptación e integración social, y su subsiguiente aislamiento y soledad.

Un patrón de conducta se establece mediante la repetición de cierto tipo de comportamiento como forma de resolver situaciones similares. Por ejemplo, hay personas cuyos patrones de conducta se han establecido utilizando una y otra vez mecanismos psicológicos de huida o evitación. Entonces, si saben que tienen que enfrentarse a una situación en la que creen que no se pueden desenvolver adecuadamente, o que les va a generar ansiedad, reaccionan evitando esa situación, aun sabiendo que, a la larga, les ocasionará un mayor perjuicio personal. El resultado es que, evitando esta situación o huyendo de ella, dichas personas consiguen obviar el sufrimiento que les produciría, pero a medio o largo plazo sufrirán más, ya que sus patrones conductuales les incapacitarán de llevar una vida sana y plena, encontrándose condenadas, muchas veces, al aislamiento y la soledad. Estas personas no están acostumbradas a enfrentarse a situaciones, sino que las evitan, o en apariencia, las ignoran. Y a fuerza de repetir estas actitudes se sienten incapacitados de utilizar otras, es decir, se han establecido como patrones de conducta, y reaccionarán así ante situaciones similares de manera automática, sin pensar en por qué actúan de esa manera y sin ser conscientes de ello, ni de que esto les acarreará un posterior sufrimiento.

Un cambio de personalidad supone el abandono de estos mecanismos repetitivos para ser sustituidos progresivamente por patrones de conducta más adecuados. En el ejemplo anterior estas personas, mediante un tratamiento de concientización y acción, intentaran posicionarse ante a este tipo de situaciones de otra manera, diferente a su patrón de conducta habitual, y comprobarán, en la mayoría de los casos, que no era necesario evitarlas, sino que con solo enfrentarlas, podrán superarlas, y esto incrementará la confianza en sí mismos. La persona aprenderá así nuevos comportamientos y a asumir las dificultades propias de la existencia, aprehendiendo mecanismos que le proporcionarán una fuente de maduración y superación personal.

La labor terapéutica de reestructurar la personalidad no es fácil. Desmontar y sustituir estos patrones de conducta por otros más adecuados y salubres requiere de un tiempo de trabajo determinado, pero que debe ser un tipo de trabajo constante y a conciencia por parte de la persona.

Los cambios de personalidad son más efectivos y fáciles de lograr mediante un tratamiento terapéutico orientado, en donde el sujeto acompañado por el profesional plantean de forma concreta los objetivos conductuales que se quieren alcanzar, a la vez que se facilitan técnicas e instrumentos psicológicos que le ayuden a conquistar esos objetivos propuestos.

Lic. Pablo Talice

¿Te gusta? Compártelo:

Comentarios(1)

  • Alexandra maldonado
    19 abril, 2016, 14:40  Responder

    Me encantó toda esta lectura, felicito al psicologo

Deja un comentario